sábado, 1 de agosto de 2009

El ocaso del poder ¿Autoritarismo caprichoso o Paternalismo demagógico…?



¿Autoritarismo caprichoso o Paternalismo demagógico…?
¿Serán esas las únicas opciones que el ejercicio del poder nos depara…?

Desde luego que todos deseamos pensar que no, pero como siempre, para poder entender que nos pasa debemos antes entender porque nos pasa.

Nuestra sociedad, nuestra instituciones, se encuentran desde hace bastante tiempo alterada entre esas dos variables: paternalismo y autoritarismo, en realidad dos modos distintos de llamar a la tiranía del poder, dado que ambas ideologías desprecian o desconsideran la capacidad de los subordinados (palabra antipática tal vez, pero que sirve para designar a los que están en un orden inferior en la autoridad).

Y estas "autoridades" (sean quienes fueren: ciudadanos, alumnos, empleados, hijos, etc.) se revelan a esa sola figura de autoridad como un preconcepto negativo ya conformado mentalmente, asociando autoritarismo a la sola idea de autoridad o poder.
De ese modo se desconfía de entrada es decir se prejuzga o directamente… “toda autoridad es culpable hasta que demuestre lo contrario”.

Como contrapartida de esta idea, desde luego genérica pero no generalizada, muchos de los que detentan poder, no saben hacer uso del mismo y pierden la base del mismo que es la autoridad.

¿Que pasa? Bueno, aca arriesgo una hipótesis… el Miedo al Poder.

Usted me dirá…
- ¿acaso un padre le puede tener miedo a su hijo?,
- ¿acaso un referee pude temer de un jugador? O
- ¿acaso un maestro le puede temer al alumno? O
- ¿un policia al posible delincuente?... Me arriesgo a contestar que: SI.

Ante esa imagen deteriorada del poder, el orden se subleva, la norma se pierde o se flexibiliza tanto que el público (por inseguridad) se hace demandante, exigente e injusto hasta tal punto que el sistema se somete a la tiranía del subordinado.

¿Y como reacciona ante tal publico el que detenta ese poder?…obviamente depende de cada caso, pero creo es genérica la idea que prevalece el miedo.

Y ese miedo, según su personalidad, experiencia o capacidad puede derivar hacia tres posibles manifestaciones de acción:

1- la esperada que es aquella que sabe hacer empatía con los mismos, se une a sus mandatos informales sin perder la misión que su rol debe sostener, dándole tanto fuerza a su autoridad formal como la tan importante autoridad informal concedida por su publico.

O dos derivaciones negativas,

2- el autoritarismo caprichoso que obliga a un cumplimiento ciego e irreflexible de la norma, la cual pasa a tener el rol dominante ofreciéndole solo la fuerza de la Autoridad Formal, y deteriorando negativamente la informal. O

3- el paternalismo simplista, cómplice y sumiso a la insubordinación, delegativo en su mandato y deforme en los principio organizacionales que se van diluyendo lentamente a un sistema amorfo y anómalo.

Ahora bien.. ¿ como reconstruimos el poder perdido en las instituciones ?

No sugiero una confianza ciega en quien esta, sino el apoyo suficiente para que no se sienta solo en su poder. Pero exigirle las muestras de consideración participativa y democrática suficiente para que la ceguera no se apodere de la visión de sus mandatos.

Debemos pues, participar, acompañar, sabiendo que a los sistemas solo se los puede mejorar de adentro, no de afuera. Solo podemos pretender cambios en la obra si somos protagonistas, no publico, si somos actores no meros espectadores o críticos de una realidad.

Para quien detenta el poder: capacitación, modestia y actitud reflexiva. Que mejores herramientas para afirmar su autoridad, su responsabilidad y hasta su autoestima funcional en ese rol.

Superar los miedos es la clave de todos los cambios. Y solo la acción combate el miedo…

La angustia apaga, y muchas de las cosas que nos pasan (inconcientemente la mayoría) son meras reacciones equivocadas que producen mayor mal que la realidad que intentamos esconder


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